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Los primeros comerciantes árabes que llegaron a sus costas la llamaron Serendib (serendipia). También conocida como la «lágrima de la India» o la antigua Ceylan este viaje nos llevará a recorrer la exótica isla de Sri Lanka. En ella conviven cingaleses y tamiles junto a otros grupos étnicos, practicantes de todas las religiones.
Desde la moderna Colombo, recorreremos Anuradhapura, Mihintale, la cuna del budismo, y la antigua Polonnaruwa, que conforman el triángulo cultural de este país. Disfrutaremos de los safaris en busca de leopardos, elefantes o búfalos en Parques Nacionales como Wilpattu, Minneriya o Yala. Ascenderemos a la majestuosa «roca del León» en Sigiriya, probaremos el sabroso té de Ceylan en Ella y nos relajaremos entre idílicas playas en las Maldivas.
Pagodas, templos budistas excavados en roca, playas de ensueño, arquitectura colonial, montañas tapizadas por plantaciones de té y muchos animales salvajes es lo que nos espera en nuestro viaje de aventura a Sri Lanka y Maldivas. ¿Sabías que Sri Lanka es el mejor lugar para realizar safaris fuera de África?
Desde Colombo, nos dirigiremos a realizar un primer safari en el parque nacional de Parque Nacional de Wilpattu buscando poder observar al elegante y escurridizo leopardo. Pero también tendremos la oportunidad de avistar en su hábitat elefantes, búfalos de agua, cocodrilos, ciervos o el gallo de Ceylán, curiosamente, símbolo del país.
¿Sabías que Sri Lanka posee la mayor densidad de leopardos en el mundo? En el parque de Wilpattu, junto con el parque de Yala, es donde más posibilidades tendremos de observar a este imponente animal.
Tras esta primera “salvaje” toma de contacto, nos dirigiremos a recorrer, uno de los mayores yacimientos arqueológicos del mundo, Anuradhapura, donde entre pagodas y templos podremos visitar el Sri Maha Bodhi, un árbol que aparentemente es el más antiguo de la Tierra, y proviene de un esqueje de aquel bajo el que el Buda recibió su iluminación.
A pocos kilómetros se encuentra, Mihintale, el segundo conjunto arqueológico, considerado la cuna del budismo srilankés. Para alcanzar los templos de su cima hay que subir sus 1843 escalones.
Cerrando el conocido como ”triángulo cultural” nos dirigiremos a visitar los templos excavados en la roca de Polonnaruwa, ciudad que en su día sucedería a Anuradhapura como capital de Ceylán.
En la actualidad Unesco acoge estas ciudades en su lista de Patrimonio de la Humanidad.
En el centro de la isla nos espera la posiblemente imagen más icónica del país, la «Roca del León» en Sigiriya. Los jardines reales y restos arqueológicos en su base, nos conducirán a la escalera que lleva a su cima.
Durante la ascensión a la famosa roca descubriremos los secretos de los frescos de Sigiriya, pasaremos entre las patas de un león gigante esculpido en la misma roca, para llegar a los restos del palacio construido por el rey Kasyapa durante el siglo 5 d.C.
Pero sin duda, subir al atardecer a la menos conocida Pidurangala, dejará grabadas en nuestra memoria para siempre, una de las puestas de sol más impresionantes, que bien merecen la pena el viaje hasta la antigua Ceylan.
Cerca de allí, visitaremos las cuevas más famosas de la isla en Dambulla, hogar de templos excavados en cuevas decoradas con colores vivos que albergan 150 figuras de Buda.
Tomaremos un tren en Kandy, que nos hará viajar en el tiempo mientras ascendemos entre plantaciones de té hacia Nuwara Eliya. Allí podremos degustar el famoso té de Ceilán y conocer alguna factoría donde todavía se cosecha a mano el reconocido como mejor té del mundo. ¿Sabías que Sri Lanka está entre los mayores productores (y exportadores) de esta infusión?.
Tras pasear entre cottages, hipódromos y post offices, dejaremos atrás Nuwara Eliya, probablemente con la sensación de haber pasado unos días en Inglaterra, y seguiremos ascendiendo hacia las “tierras altas”, hasta llegar a Ella, un lugar donde poder relajarse entre montañas, cascadas o realizar trekkings como el del «Pico de Adán».
La paradisíaca costa sur de Sri Lanka nos espera, donde visitaremos icónicas ciudades coloniales como Galle, con su pintoresco faro y Torre del reloj. Bucearemos, nadaremos o simplemente nos relajaremos en playas idílicas como Unawatuna o Mihiripenna, y podremos observar a los famosos pescadores zancudos, sentados sobre el océano Índico mientras esperan la captura del día.
La guinda a este viaje será aterrizar en Male, la capital de las Maldivas, para relajarnos y disfrutar de un océano que parece de cuento, donde podremos bucear entre tiburones, mantas raya, saltar de atolón en atolón, o relajarnos en su playas y lenguas de arena. Un final de viaje perfecto antes de regresar.